nº179 Febrero 2014 Archivo
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Gestionar el riesgo

 

Empecemos con la definición: “Los avales o garantías constituyen, en esencia, un instrumento para minimizar los riesgos que se pueden presentar en una relación comercial. Se puede asegurar una obligación de pago, una entrega de mercancía, la ejecución de una obra o cualquier obligación derivada de un contrato. En comercio internacional, por ejemplo, una empresa exportadora puede querer cubrirse ante el riesgo de impago, y una empresa importadora puede requerir garantías por los pagos anticipados que realice”. Con estas líneas de Fátima Rodríguez, directora de Comercio Exterior del Banco Sabadell, se introduce claramente el factor que modela cualquier tendencia en el ámbito de los avales y garantías para la exportación, esto es, el riesgo. Un elemento que, desde 2008, se muestra con mayor crudeza en las relaciones comerciales.

 

Desde que estalló la crisis financiera y económica, las empresas españolas, bien por concienciación, bien por supervivencia, se han visto obligadas a impulsar su actividad internacional. Algunas se encontraban mejor equipadas que otras pero todas compartían algo en común: la necesidad de salir al exterior -hacerlo rápido y bien, a ser posible- en una coyuntura económica muy complicada.

 

Necesidad de avales y garantías

Un primer ejemplo: una pyme consigue un contrato para exportar bienes en una cantidad que exige una inversión previa en maquinaria para poder cumplirlo. Un segundo ejemplo: esta misma empresa puede haber cumplido su parte del contrato, pero necesita liquidez y el cobro de esta operación se va a retrasar. En ambas situaciones, esta pyme acudirá a su entidad bancaria. En el mejor de los casos, obtendrá un aval o garantía, así como asesoramiento adecuado. En el peor, si la empresa no disfruta de una situación económica lo suficientemente robusta, se estrellará contra los criterios crediticios de la entidad, los cuales, en términos generales, se han endurecido en estos últimos años.

 

Por lo tanto, varias fuerzas tensan la situación: la necesidad de exportar, el endurecimiento de los criterios para conceder financiación y la incertidumbre sobre los pagos. En este contexto, surge la demanda de avales y garantías. A esto hay que añadir, como señalaba Rocío Uriarte -responsable de Operaciones Internacionales del Departamento de Operaciones por Cuenta del Estado de CESCE- en el seminario sobre avales y garantías organizado por el ICEX en Madrid el pasado mes de octubre, el desequilibrio entre un mayor número de empresas exportadoras y un menor número de entidades financieras debido a los procesos de fusiones y absorciones.

 

Para los dos ejemplos mencionados más arriba existe la posibilidad de acudir a otras puertas para acumular fortaleza, lo que se denominan sociedades de garantía recíproca (en adelante, SGR). Las SGR son sociedades de capital mayoritariamente privado con aportaciones de diversas Administraciones Públicas. Existen 24 SGR, con 173 oficinas repartidas por todo el territorio nacional. Esta ubicuidad “permite el acceso a una amplia base de clientes, desempeñando así una gran labor comercial entre las empresas de su entorno, ofreciendo además servicios de información, asesoramiento, formación financiera y promoción empresarial”, señala Ana Vizcaíno, consejera delegada de la Compañía Española de Reafianzamiento (CERSA). Esta es una compañía estatal adscrita al Ministerio de Industria, Energía y Turismo que, a su vez, da cobertura a las SGR. CERSA y las SGR configuran lo que se denomina el Sistema de Garantía. De este sistema se benefician actualmente unas 56.000 pymes y autónomos. En los últimos años, se han otorgado, de media, avales por valor de 1.200 millones de euros anuales.

 

Esquema de funcionamiento del Sistema de Garantía

FUENTE: CERSA

 

Volviendo a los ejemplos ya citados, Juan Manuel Santos, presidente de la SGR Avalmadrid, ofrece esta alternativa: “Los avales financieros son aquellos que garantizan un crédito o préstamo ante una entidad financiera, ya sea para necesidades de inversión productiva, liquidez u otras. En estas ocasiones, Avalmadrid garantiza el 100% de la operación de la pyme ante la entidad de crédito, gracias a los convenios que mantiene. En la mayor parte de los casos, podemos mejorar las condiciones financieras tanto en coste como en plazo, ya que siempre trabajamos a medio y largo plazo. Calculamos que el 70% de las pymes que avalamos no conseguiría la financiación si no fuera por nuestro aval”. Si la empresa vuelve a su entidad bancaria apoyada por una SGR, sus posibilidades aumentan.

 

No obstante, siempre hay que tener en cuenta, ya se trate de una negociación ante un banco o ante una SGR, que el aval siempre va destinado a una operación concreta. “Ello quiere decir que no solo nos fijamos en los datos históricos de nuestros clientes y en su solvencia actual para conceder nuestro aval, sino también en la viabilidad de la operación empresarial que necesita financiación”, explica Santos. De nuevo aparece el riesgo y la advertencia de conocer bien con quién o dónde se hacen negocios. “Además de elementos básicos como disponer de un buen producto o tener los recursos básicos, financieros y humanos para acometer el proyecto, hay que rodearse de los partners más adecuados para un proyecto tan importante”, concluye Fátima Rodríguez, del Banco Sabadell.

 

Por otro lado, los avales también están condicionados por el tipo de operación. Según Santos, “no es lo mismo una prefinanciación de una exportación, que siempre es a unos pocos meses, que la apertura de un establecimiento permanente en el extranjero, que exigirá financiación a medio o largo plazo”. Obviamente, la inversión productiva en el exterior, además de la duración del proyecto, implica, sobre todo en ciertos destinos, tener en cuenta el riesgo país, tanto en su vertiente política como de tipo de cambio. La experiencia previa en mercados similares es vital.

 

Avales para licitaciones

Precisamente, una de las modalidades habituales para iniciar la inversión en el exterior es a través de licitaciones internacionales con Administraciones Públicas extranjeras. Siguiendo con uno de los ejemplos anteriores, imaginemos que nuestra empresa ha conseguido llevar a buen puerto sus operaciones de exportación. Ahora, quiere participar en un concurso público en el exterior. Entre las condiciones que exige el pliego se encuentra presentar un aval concedido por un banco local, en el país de destino. “Dado que el contratista español no es conocido en ese país, esta entidad va a pedir, a su vez, la garantía de un banco o compañía de seguros española”, explica Juan Manuel Santos desde Avalmadrid.

 

Ante esta situación, la empresa acude a su entidad habitual en origen y solicita lo que se llama “contragarantía”, un tipo de aval no financiero sino técnico. El banco español estudia la propuesta y puede concederlo o no, dependiendo de factores internos de la empresa, así como externos, tales como el proyecto en sí mismo o el riesgo país. Normalmente, los bancos españoles cuentan con filiales en países estratégicos o, en su defecto, con una lista de entidades que actúan como corresponsales y que colaboran con ellas.

 

No obstante, hay que tener en cuenta que el riesgo país, desde el punto de vista de la Administración que convoca el concurso, también afecta en dirección opuesta. “Los avales para licitación internacional directa son todavía poco numerosos, entre otras cosas, por el deterioro del rating de España, que ocasiona dificultades a las sociedades de garantía y a los propios bancos españoles”, señala Ana Vizcaíno, de CERSA.

 

Asimismo, Rocío Uriarte, responsable de CESCE, mencionaba, dentro de su conferencia sobre avales por cuenta del Estado en el ya citado evento del pasado octubre, el caso de la adjudicación de una licitación en Namibia que estuvo a punto de fracasar porque la entidad local no consideraba el rating del banco español lo suficientemente seguro.

 

Clasificación de los avales formalizados. Primer semestre 2013

FUENTE: CERSA

 

Según Ana Vizcaíno, la escasez de solicitudes de avales para la licitación internacional también se explica por la tipología de empresas que optan a los concursos internacionales. “Las empresas apoyadas son de pequeño tamaño y no licitan directamente, sino como subcontratistas de empresas de mayor tamaño, en cuyo caso los avales que requieren otorgar son comerciales. Es decir, requieren de la presentación del aval ante las grandes empresas o ante empresas locales. A modo de ejemplo, las SGR han otorgado este año avales a pymes españolas ante OHL para participar en el proyecto de construcción del AVE en Arabia Saudí”.

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